[15M] ….. como … el …. agua

Asco. Ayer sentí asco. Estaba cansado. Y aún así, no pude evitar una náusea profunda y punzante. Soy un ciudadano más, con conciencia y definición política: voto y soy de izquierdas. Probablemente como vosotros, desde hace varios años estoy cansado del corralito del cloroformo al que nos llevan sometiendo políticos, banqueros y canallas -sin demasiada indiferenciación-. Siento un asco redoblado viendo erigirse en el poder quienes francamente no lo merecen; de nuevo son los que barren sólo para casa en detrimento de los demás. Asco viendo a Zapatero, como una ovejita que se acaba de comer al lobo. Llega descaradamente en coche oficial en compañía del consejero de Telefónica: un amigo, un socio, un compañero. Mientras, y antes de anunciar su arrivederci, nos va espetando con asombroso aplomo otra vuelta de tuerca. Siento asco, si acaso nostalgia, de que un sector de la izquierda reconocida no haya sabido purgar sus desvaríos políticos ni transmitir alternativa real. Asco del particular partidismo de la abstención que se empeña en desfigurar el ágora española. Asco de que la ley electoral siga siendo lo que es. Lo apolítico es como la asexualidad: se lo folla todo.

Examinar la política, y no solo la utópica: protesta y pedagogía. No se trata de un soma meta-democrático: es democracia, sólo que la extrañábamos desde hace mucho tiempo. En la plaza, en el barrio, en el aire, en los colectivos, en el extranjero: preguntarse qué podemos hacer para re-equilibrar las reglas del juego, ganar el sitio que nunca debimos perder y enderezar nuestro futuro. ¿Somos una herramienta, un cauce, o sólo política? En cierta negación de lo útil también podría venir implícita una especie de negación de la politicidad: somos los hijos y las hijas de las nuevas polis. Hemos fabricado entre todos la llave que llena de optimismo las conciencias de la gente, que hidrata un poco su amargura. Esta llave es capaz de sobrepasar el engendro neo-expresionista, monolítico, en el que se ha convertido la política europea. La moción de cientos de miles de ciudadanos indignados lo dice todo, la indignación y la reacción son nuestro único símbolo identitario. Dejemos que pasen los egos políticos: es un cuento muy viejo.

Estamos, nunca mejor dicho, a tiempo, sobre el tiempo. La marabunta se auto-organiza, crece y reflexiona desde el impulso inteligente, como un ser vivo. Carácter consensuado y rizomático, sin un activo menos valioso que el resto: grandeza de la vida. Este clamor resonante no es aún el primer rugido, no llega ni a estertor. Nuestro tiempo, ¿es tiempo físico o tiempo abstracto?. El movimiento se examina a sí mismo, se auto-organiza en corpúsculos cada vez más definidos, más diáfanos, más efectivos, más reemplazables. El tiempo se diluye, hasta el punto de que todas las ideas volcadas, habladas y compartidas ya no sólo ocupan lugar: titilan, vibran, reaccionan a los estímulos. Sienten. En nuestro propio estar y en nuestro fluir hacia afuera se lícúa el empuje para doblar los tiempos. Las ideas ya han germinado, transformando la realidad en lo deslocalizado y en lo sincrónico. Nos reconocemos en la organicidad imprevisible, la cual comparte el accidente como parte de lo ordenado. La vieja noria de los de siempre ya ha dejado de rodar. Entre todas las moléculas la hemos hecho parar, ya no chirría, ya no repiquetea el agua a su son, ¡ya no hay nadie que la empuje!

http://www.angelarranz.com/media/Arranz_DKsin.mp3

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