Posibles disposiciones de la instalación

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Tallereando se compone de una serie de fotografías de tamaños variables y un conjunto de cuatro monitores planos de TV LCD. El soporte fotográfico es cartón pluma, lo cual facilita su transporte y su colocación en sala. Los monitores se colocan también en la pared, junto con las fotografías, formando un conjunto muy plástico.

No existe un único modo de colocación de los elementos expositivos. Preferentemente se busca un espacio cuadrangular en donde el largo de las paredes sea más o menos el mismo en todas. La idea es situar las “cuadrafonías” que portan los monitores de la manera más enfrentada y equalizada posible, formando una especie de signo [+]. Esto ayuda a recrear una idea de ambiente o de restitución del espacio acústico original, lo cual no es un requisito estricto; más bien se busca, dentro de la oposición de elementos, romper un poquito la simetría. Para ello también se juega con la composición de fotos y monitores, construyendo algo siempre vivo.

Pero la muestra también es adaptable a espacios muy rectangulares, tales como pasillos y galerías, así como otros espacios de paso. Escalinatas son sitios también apropiados. En este tipo de disposiciones de tipo lineal, como es un corredor, o de tipo torsión, como es una escalinata, la acústica envolvente se despliega en algo bastante más itinerante, en el primer caso, o en algo de carácter vertical, en el segundo.

Incluso, dependiendo de lo grande que sea el espacio, la muestra puede colocarse sobre una sola pared, formando una composición abigarrada de elementos, la cual combina foto, audio e imagen en un conglomerado rico y muy unitario.

En cuanto a la colocación de los monitores en la pared, siempre hay que procurar que las proximidades de los unos no cancelen a los otros, sea cual sea su disposición general. Lo ideal es que se produzca un mínimo espacio para jugar con la heterogeneidad acústica y visual de los elementos.

El uso del pen-drive en el dispositivo USB del aparato simplifica mucho el conjunto de aparatos, cables y enchufes necesarios para la reproducción, sustituyendo al reproductor de DVD. Lo ideal de la pared expositiva es que sea hueca, para así poder practicar un orificio por donde hacer pasar el enchufe. El efecto más deseable es aquel donde el monitor quede suspendido en la pared mediante tornillería como si fuera una fotografía más. Por eso es muy importante que no asome ningún cable o enchufe por detrás del monitor.

Beatriz cierra el círculo

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Empezamos a encontrar la sinergia después de unas cuantas semanas, diseñando los textos del proyecto, enamorándonos poco a poco del sumatorio estético. Vamos sintiendo la proximidad de los otros a cada pequeño paso que vamos dando, esto nos motiva aún mucho más.

Una vez que el audio está completamente acabado y las fotos fijadas, Beatriz entra a cerrar el juego creativo: Joselu es el “instrumentista” de los sonidos, pero también el fotógrafo que atrapa las naturalezas muertas del taller. Por otro lado, la labor de Ángel fue la de capturar tales sonidos, pero también la de darlos forma conforme a un tiempo, componerlos. Los sonidos son las señas de identidad del taller. Pero también los sonidos arrastran consigo, para la persona que los escucha, la sensación de espacio donde anteriormente descansaban. Tallereando trata de exponer ciertos sonidos, pero también de exponer su aura: su hábitat natural. Asimismo, estos sonidos se presentan cada vez en un nuevo espacio expositivo, con lo que en cada vez se sintetiza espontáneamente una nueva idea de espacio.

Beatriz es justo la pieza central, es la clave: crea un status expresivo intermedio. Y además tal estado es alcanzado por medios absolutamente familiares para ella. Beatriz se sirve de las fotografías para extraer sus texturas, y a continuación crear sus propias abstracciones tridimensionales, las cuales procesa en OpenGL. Estas abstracciones -ella las denomina en ocasiones “animales”- tienen su propio devenir en el tiempo: se mueven, se alejan, rotan; a menudo presentan perspectivas imposibles, complejas, cambian de color, tiemblan, vuelan, se evaporan… Esta capacidad dinámica de expresarse en el tiempo conecta a su vez con los sonidos compuestos, los cuales también se proyectan en una línea del tiempo, como es natural. Espacio, sonido y tiempo se conjugan para dotar a la instalación de cierta irrealidad flotante. Lo curioso es que tal ensoñación plástica provenga de elementos tan prosaicos y comunes como los utensilios de un taller.

Imagen estática frente al dinamismo del vídeo; espacio sonoro real y espacio sonoro restituido; imagen de la fuente sonora y la fuente sonora misma… al menos tres ejes bien diferenciados cortan transversalmente la poética de Tallereando en un gesto unitario tanto físico como estético, en donde los medios de expresión se extienden generosamente en una actitud de dar(se) a los otros.

Primeros resultados fotográficos

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La semana pasada comentamos la posibilidad de ir moviendo el proyecto en algunos lugares por Holanda y todo empieza a cobrar una vida creativa increíble. Justo una semana después de nuestro encuentro, Ángel empieza a dar vueltas a la realización del audio, y después de un par de días decide que debe de ser algo muy concreto, casi alla Schaeffer. El espacio, las coordenadas, el bon sens… todo lo va reclamando el proyecto por sí mismo.

Ángel le pasa a Joselu en mp3 un primer boceto en estéreo -el original es a cuatro canales-, al cual sorprendentemente sólo le queda por hacer unas ligerísimas correcciones de volumen. Joselu le pregunta a Ángel si añadirá algún instrumento, entonces Ángel sienta la dimensión estética del asunto: cuanto más desnudo, mejor. Esto lo celebramos un montón, porque las fotos si cabe son todavía más desnudas y ricas que los audios. Joselu comenta al resto que ya tiene las fotos preparadas y que nos las manda por internet.

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Ninguno aún nos podemos hacer la idea del resultado estético real en sala junto con las imágenes dinámicas de Beatriz, el sonido inmersivo de los cuatro canales… pero todo ello nos estimula aún mucho más la imaginación. Una de las ideas es trasladar el espacio acústico del taller al espacio expositivo por medio de la instalación sonora. En un principio, pensamos el audio aparte, utilizando cuatro altavoces independientes… Más adelante se le ocurre a Beatriz utilizar el sistema de audio de los monitores de TV, lo cual reduce ostensiblemente los medios, pero surge el nuevo problema de la sincronización de las pistas de audio entre sí. No queremos usar laptops ni nada que pueda hacer complicada la simple puesta en marcha diaria. Entonces Ángel plantea el audio como algo azaroso, en donde los cuatro canales vayan interpolándose a su libre albedrío, en una especie de composición deslizante quasi-infinita.

Esta es una pequeña muestra del material:

Por otro lado, las nuevas -y no tan nuevas- pantallas LCD son una maravilla en cuanto al ahorro de recursos. Con un simple pen-drive que porte el vídeo se dice adiós a un montón de cables, aparatos DVD -siempre tan anti-estéticos-, y un sinfín de problemas, incluidos los desajustes mecánicos de los aparatos de reproducción. Desde el principio lo tuvimos claro, además de poder integrar las pantallas en la pared, como si fueran cuatro fotos más. Hoy prácticamente todas las TV planas tienen la opción de reproducción de archivo de vídeo vía USB. Particularmente nos encantan estos chismes con tantas cositas:

Arranca Tallereando

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Joselu, un grandísimo artista del nuevo Renacimiento y excepcional amigo, en más de alguna ocasión nos traslada su sueño de fundir las sensaciones de los espacios con imágenes y con sonidos. Llevaba rondando la idea de realizar un corto “un poco largo”, meterse en una casa abandonada y robarle la esencia a los espacios desde un punto de vista muy mínimal y atendiendo a una narrativa ultra-condensada. Tal vez esta fuera la chispa que detonó del todo Tallereando. En nuestros encuentros de tiempo en tiempo en Peñafiel pronto esta idea se va trasladando por sí sola a terrenos más recónditos, al dominio de las viejas maquinarias, tremendo viaje en el tiempo. “Un día tenemos que entrar al taller de la finca y rastrear el terreno de arriba abajo”, nos dice hace ya unos cuantos meses. “Tengo máquinas y utensilios que seguro pasan ya de los cien años, hay que componer algo con eso“. Sonología en estado puro. “Igual nos llaman locos”. Le aseguramos que no.

Todas estas ideas las pusimos en el refrigerador hasta que hace una semana le mandamos un e-mail desde La Haya, avión para España y quedamos en Peñafiel con nuevo setup de grabación, micrófonos cardiodes incluidos. Meterse en el taller con Joselu es meterse en un laberinto de sensaciones, donde se sabe cómo se entra… Increíble el reflexionar cómo iba transcurriendo el tiempo, sensación absolutamente intemporal.

Maquinaria pesada, herramientas de trabajo, líquido anti-congelante, tijeras de podar, tarros repletos de tornillerías, discos de amoladoras, de sierras; maderas, plásticos de todo tipo, marimbas construidas de manera improvisada con llaves inglesas, cortadoras de césped… todo fue nutriendo nuestro afán exploratorio como críos que se enfrentan a nuevas realidades en cada minuto.

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http://www.thedkprojection.com/en/projects/tallereando.html