Todo lo cría la tierra

Con el tiempo en el culo y recién aterrizado en Barajas, el próximo pasaje de tren reservado y con gana gatuna de deambular, así, aun a riesgo de chafar los planes de varios días.. ¡qué más da! Mi primera reacción ha sido acordarme de todos ellos: lo representan todo. Hoy Madrid es un trozo de Sol. Algo fascinante, centrípeto, me empuja hacía allá, es un sol pa’dentro. Se ha gestado una ola de humanidad que ha alcanzado al globo de izquierda a derecha, de arriba abajo, de atrás… hacia delante. No es un campamento: es una huerta donde se cultivan dignidades, una planta que por extraña, no deja de pertenecer al mundo vegetal. Se han sembrado las ilusiones de todos, los gritos sordos, la indignación, las ansias de libertad. Todo lo diluye, todo lo esteriliza lo mediático -también lo internáutico-. Pasear por entre los toldos es toda una experiencia de contaminación emocional… ¡tan necesaria! Lo que se respira ahí no son rescoldos: es algo que empieza de cero, que crece, como las tomateras: irregular, de manera orgánica, sin prisa, anunciando vida. Mezcla entre energía encontrada, multiplicada, grandeza de espíritu, irreverencia por derecho propio, corrección política. ¡Qué grande el haber rescatado este vocablo de las redes del eufemismo! ¡Políticamente correcto! Y humanidad… [¡humanidad!]. La palabra hecha emoción, maltratada por las humedades de estos días, el reflujo de la contienda y el adhesivo carcomido, erosionado contra las caras de ese extraño poliedro que me recuerda caprichosamente a la boca enorme de un caimán. Cercanías, cercanías… nunca mejor dicho, cercanías… sin prisa. Todo aguanta como por sí mismo. Ahí están, mal pegados, desvencijados, crujiendo de dignos, atronando en silencio, emborronados por los berretes de la tinta diluida, con una compostura inquebrantable, con ese estar tan estando. Cientos, miles de aldabonazos que resuenan en la conciencia del hasta aquí hemos llegado: mensajes a domicilio, para todos y para todas. Demasiada correspondencia. Un diálogo intrauterino de miles de voces, que no se lamentan, sino que hablan del aquí y ahora, de la sabiduría, del sí-sí. Mucha buena gente junta, tranquila pese a todo, ejemplo y evolución. Algunos doctos lo confunden con algo naïve, algo difuso, de gente ágrafa. Ellos sabrán. Dice un viejo refrán que la letra con sangre bien entra: a este pueblo le vienen sobrando más palos que letras.

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[15M] ….. como … el …. agua

Asco. Ayer sentí asco. Estaba cansado. Y aún así, no pude evitar una náusea profunda y punzante. Soy un ciudadano más, con conciencia y definición política: voto y soy de izquierdas. Probablemente como vosotros, desde hace varios años estoy cansado del corralito del cloroformo al que nos llevan sometiendo políticos, banqueros y canallas -sin demasiada indiferenciación-. Siento un asco redoblado viendo erigirse en el poder quienes francamente no lo merecen; de nuevo son los que barren sólo para casa en detrimento de los demás. Asco viendo a Zapatero, como una ovejita que se acaba de comer al lobo. Llega descaradamente en coche oficial en compañía del consejero de Telefónica: un amigo, un socio, un compañero. Mientras, y antes de anunciar su arrivederci, nos va espetando con asombroso aplomo otra vuelta de tuerca. Siento asco, si acaso nostalgia, de que un sector de la izquierda reconocida no haya sabido purgar sus desvaríos políticos ni transmitir alternativa real. Asco del particular partidismo de la abstención que se empeña en desfigurar el ágora española. Asco de que la ley electoral siga siendo lo que es. Lo apolítico es como la asexualidad: se lo folla todo.

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